Viernes, 18 de junio. Ocho de la tarde, en la Farinera de Castelló d’Empùries. Último dialogo fractal: La matemática de la poesía. Hasta aquí los datos previos. Pasados unos días de la conversación, se impone la reflexión sobre lo hablado, así, consideramos esencial exponer los pasos previos de la exposición personal de Roger Olivella, físico, y un polifacético Jordi Bilbeny que disertó más en su condición de poeta transgresor que no desde las facetas del filólogo y del historiador.
La primera observación acerca de Roger Olivella trata de su timidez: su expresión no verbal, su mirada puesta en un punto que le permitía superar el miedo escénico; la búsqueda constante de una mirada conocida y cómplice que le permitiera dirigirse a una sola persona, expresaban cierto encogimiento, ahora bien, al observar con detalle, Roger Olivella, mostraba más su esfuerzo por poner en común su saber -que por ocultar el gesto tímido ya vencido-, una vez hilvanado un discurso coherente, bien planteado, bien llevado al punto álgido y resuelto hasta dejar a los contertulios con una imagen fractal bailando en nuestra retina. La segunda, no es una observación sino una afirmación, acompañaban a sus palabras, sencillas y claras, unas imágenes que iban de la parte al todo y viceversa para mostrar la similitud entre lo muy pequeño y lo muy grande: la imagen de un caracol, un tornado y una galaxia sirvieron para ilustrar la armonía fractal.
Jordi Bilbeny, eligió el camino del sabio despistado, al que unas pocas horas antes le habían recordado que tenía el compromiso de dialogar con un físico sobre la matemática de la poesía. Sacó de su bolsillo, como quien lo hace de una chistera, un papel manuscrito con anotaciones basadas en el documento electrónico enviado, la tarde antes, por su interlocutor de dialogo. Improvisación salpicada de alusiones personales, de experiencias psicodélicas y de masturbación que busca un parto mental erudito resumen su disertación. Analizados los apuntes y recordadas algunas de sus palabras, Jordi Bilbeny provocó el dialogo tras su monólogo.
Por último, añadir que el ciclo de diálogos ha sido una experiencia enriquecedora para los que hemos tenido el placer de asistir a todos y cada uno de ellos. Y, también debemos reseñar, desde el punto de vista de la organización, la satisfacción por la cooperación entre las diferentes personas que hemos trabajado en esta experiencia cultural; cito a las personas y no a las instituciones en el bien entendido que somos los individuos quienes damos vida a las entidades con las que trabajamos o colaboramos.
En nombre de todos los que hemos construido este fractal, ¡mil gracias!