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Nueva colección de radios en el MTE


Hay noticias que son motivo de satisfacción. Nuestro museo ha recibido la cesión de la colección de aparatos de radio del señor Ramón Gallart. Esta antología de radios llega a nuestro museo a través del acuerdo firmado entre los hijos del señor Gallart y la familia Padrosa. 

Asumir, así, de una sola vez, 308 radios es un esfuerzo ingente. Convertirnos en los depositarios de lo que durante toda una vida coleccionó y construyó el señor Ramón Gallart, una responsabilidad que sólo se puede aceptar desde el respeto y admiración por la pasión que sienten los coleccionistas por los objetos acumulados. En nuestro museo y en nuestra fundación entendemos perfectamente la pasión que Ramón Gallart sentía por sus radios, es similar, a la de los señores Padrosa cuando buscan nuevas máquinas de escribir o de cualquier objeto relacionado con la técnica en las ferias de anticuarios o a través de Internet.

A los 14 años, Ramón Gallart fabricaba radios de galena. Lo hacia de manera autodidacta. Su afición le llevó, andado el tiempo, a tener una empresa que se dedicaba a la actividad de diseñar y fabricar aparatos de radio, receptores de ondas hertzianas que nos acercan la realidad del mundo. Durante 54 años dedicó su vida activa a la radio, a construirlas, fabricarlas, venderlas y coleccionarlas, a esta última actividad se consagró hasta el final de sus días.

Si nuestra narración nos llevara a la historia de la radio, a los inicios de este maravilloso invento, nuestra mirada retrospectiva tendría que explicar someramente una necesidad muy humana: la necesidad de comunicarnos. Esa necesidad de comunicación nos haría entrar en la cronología del invento de la radio y en la misma, no quedarnos en Guillermo Marconi como inventor de la radio e ir más atrás para hacer un homenaje sentido a Faraday que con sus ideas influyó en James Clerk Maxwell que presentó su teoría electromagnética en la Real Sociedad de Londres, en 1867. De ahí, el elogio debería recaer en el profesor dublinés Fitzgerald por intentar demostrar las teorías de Maxwell, hipótesis que si logró confirmar, en 1887, el alemán Heinrich Hertz, radiando y estudiando las ondas electromagnéticas con su oscilador. Logró hacer la primera transmisión sin hilos, lo que le valió el honor que estas ondas desde entonces se denominen ondas hertzianas. Onesti, Branly, Popov fueron perfeccionando el camino hasta que en 1895, Marconi experimentó de manera definitiva. A la edad de 20 años, Marconi conseguía emitir sus primeros comunicados prácticos, de ahí, el titulo de inventor de la radiocomunicación.

El párrafo anterior, aunque conciso (excesivamente largo para el espacio del que disponemos), espero que hubiera sido del agrado del señor Ramón Gallart. Pero, para los oyentes de la radio, ésta es mucho más que un ingenio que permite transmitir comunicaciones sin hilos, es esa compañera que nos hace imaginar el rostro de la persona que nos habla al otro lado del receptor, esa compañera que nos acerca el mundo en directo, que acorta las distancias y, sobre todo, la radio es quien escribe en el aire cada día nuestra historia pequeña o grande pero historia cotidiana al fin.

Desde la pasión  compartida por coleccionar objetos, desde el compromiso de la conservación y difusión de esas máquinas de la memoria que son las máquinas de escribir, de coser y como no, los aparatos de radiodifusión que nos permiten con su sola presencia.

 
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